Posts etiquetados ‘II Guerra Mundial’

Acabo de leer algo que tengo que compartir desde aquí…

Se trata de una noticia que a su vez se hace eco de un reportaje de Travel Channel, que de rocambolesta y surreal parece chorra: he aquí las fotos de la fortaleza de más de 20 hectáreas que Hitler se construyó en Hollywood, desde donde pensaba dominar el mundo durante el día y acudir a cócteles glamurosos con las más brillantes estrellas por la noche, tras ganar la II Guerra Mundial e instaurar su causa a nivel mundial. Un plan sin pies ni cabeza ideado por un espía alemán, Herr Schmidt, residente en Los Ángeles, que convenció al matrimonio Stephens diciendo que tenía poderes paranormales para que financiase el palacio (con búnker y todo), llamado Rancho Murphy.

(¿Os imagináis un spot televisivo invitando a disfrutar los domingos de plácidas veladas en la naturaleza en el fabuloso Rancho Murphy rodeado de lo más granado del mundillo del cine y haciendo alarde de la tranquilidad y seguridad del lugar para que jueguen los niños bajo la protección personal de las propias SS? No sé si serviría de argumento para una de zombis cutre…)

Curiosamente, una fundación convirtió el lugar posteriormente en una residencia para personas del mundo del cine hasta la década de los ’70, que el complejo se encontraba en muy mal estado. El lugar se encuentra apenas a un kilómetro de la casa de Spielberg, y por las noches es habitual encontrar por allí reuniones de skinheads.

Aunque no es algo relacionado directamente con el cine, decidme que la historia no es de película…

Puede leerse la información completa en este link de la web de lainformación.com, donde además hay una promo del reportaje, y las fotos de cómo está el lugar ahora mismo.

Desde luego, lo que hay que leer…

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Todo está iluminado es la historia verídica de Jonathan Safran Foer, un joven judío estadounidense, que viaja a Ucrania buscando arrojar luz sobre el pasado de su abuelo Safra, inmigrante llegado a EEUU huyendo de los nazis.

Jonathan es un joven extraño, introvertido, de pocas palabras, y con una afición heredada de coleccionar pequeños detalles que le permitan mantener la imagen de su mapa de recuerdos. Viaja a Ucrania siguiendo la pista de una fotografía de Safra con una desconocida mujer, y allí contará con Alex, su abuelo, y la perra Samy Davis Jr. Jr. como guías en busca de un pasado perdido. En el camino, Jonathan aprenderá a comunicarse con Alex y su abuelo más allá de la barrera lingüística, en una historia de reencuentros y de historia, de evolución de personajes y de personas. Precisamente para solventar esa barrera de la comunicación la parte técnica se cuida mucho, con planos, encuadres, juegos de cámara y flash backs que potencian los significados del lenguaje narrativo audiovisual.

En cuanto al guión, es una historia muy arriesgada basada en la novela que el protagonista escribió tras el viaje, que atrapa con unos 50 minutos primeros divertidos, intensos, originales, en los que el espectador se siente parte de esa extraña cuadrilla, es uno más en el coche en el que viajan estos peculiares personajes. La música juega un papel muy importante en esta parte, música balcánica contundente que marca ritmos divertidos pero con bases intensas de bajos contundentes poniendo límites al compás de las imágenes. Muy bien elegida, muy apropiada.

Tras esta primera parte introductoria la película toma un cariz más serio, más formal, en el que los planos toman relevancia sobre el audio, que evoluciona a melodías clásicas cargadas de connotaciones tristes y evocadoras de los recuerdos del macabro pasado de los judíos europeos en la II Guerra Mundial. Esta seriedad viene en concordancia con un clímax en los personajes, que van encontrándose a sí mismos cada uno en su propio viaje interior, dando importancia al personaje del abuelo, que en principio iba a ser el conductor de la expedición, y acaba sin darse cuenta siendo el protagonista de la historia de su pasado sólo conocida por él mismo y el espectador.

Quizá el final que se espera de esta irregular, pero efectiva película sea algo más contundente, relevante, inesperado, sorprendente o incluso rompedor, y aunque no es un mal final, sí se queda demasiado en lo cómodo, en lo obvio, no deja un sabor tan intenso como cabría esperar después de una historia tan interesante. Merece mucho la pena. Además, los paisajes son fantásticos, y es una interesante y amena película con la que acercarse a una sociedad muy desconocida, llena de contrastes y matices entre lo urbano y lo rural, el intento de acercamiento a la cultura occidental, los guiños a la expansión mainstream, y el arraigamiento de tradiciones y formas de vida rurales.

Condición obligatoria: hay que verla en versión original, los matices, los tonos de voz, lo que se entiende y lo que se traduce, los acentos, son fundamentales para comprender el contexto del viaje y la relación entre los personajes.

Buenos días, princesa, es sin duda una de las más memorables frases de la historia del cine, y con razón. En La vida es Bella, Benigni se autodirige en la encarnación de este cuentista judío-italiano que es el sueño de toda mujer romántica. Guido es un honrado camarero y librero judío, buen padre y fiel marido, que es llevado con su hijo y su esposa a un campo de concentración. Para no privar de su infancia y su ilusión al crío, inventa un juego en el que tienen que conseguir puntos para llevarse el premio final: un paseo en tanque. Se juega por equipos, y se consiguen puntos a base de juegos: escondite, pilla pilla, pañuelo. Pierden puntos los que pidan la merienda o quieran ir con su mamá.

Mediante sus argucias, consigue mantener viva la ilusión del niño mientras busca a su mujer Dora y le da ánimos para seguir con cada esfuerzo. Es una tierna historiade amor, fortaleza y superación en uno de los peores entornos de la Historia de la Humanidad. La comicidad de Benigni llega a ser desternillante en sus múltiples guiños a las comedias de slapstick de Chaplin, y homenajes a los Hermanos Marx. Esta película es una joya.